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Una sencillez espléndida


Teresa es una joven que intuye las cosas de Dios y fascina por su manera sencilla de dar testimonio de ellas.
Entrevista de Giulio Andreotti al cardenal Anastasio Alberto Ballestrero, carmelita, arzobispo emérito de Turín

     En la conciencia popular, santa Teresa del Niño Jesús es un incentivo para la oración de los sencillos, relacionado con las rosas, su joven edad, su muerte tan prematura. Eminencia, ¿puede menoscabar su proclamación como doctora de la Iglesia esta devoción de los sencillos?
     ANASTASIO ALBERTO BALLESTRERO: Ciertamente no, si por sencillos entendemos las personas de fe segura, pero desprovistas de una cultura revestida de soberbia y doctrina erudita. Las intuiciones de los sencillos tienen en Teresa del Niño Jesús un magnifico testimonio: una persona sencilla que intuye las cosas de Dios y que fascina con su manera sencilla de programarlas, no tanto con la erudición de los libros cuanto con el testimonio espléndido de su vida.

El cardenal Anastasio Alberto Ballestrero

     Para la mayoría, el anuncio de la proclamación de Teresa como doctora de la Iglesia ha sido una novedad; pero hace ya algunos años Jean Guitton lo había preconizado en un libro que causó mucha impresión, acercándola a Juan de Arco y a santa Catalina de Siena. Pienso que usted conoce este libro. ¿Le parecen oportunas las opiniones de Guitton?
     BALLESTRERO: Conozco ese libro y sobre todo me parece muy adecuado poner en relación a santa Teresa de Lisieux con santa Catalina de Siena. Las dos se parecen extraordinariamente a Teresa de Jesús. Creo que en la Iglesia evidencian claramente el genio femenino en intuir la verdad, conocer a Cristo y amar a la Iglesia.
     ¿Puede hacerse una comparación entre santa Teresa de Lisieux y san Antonio de Padua respecto al tipo de imagen popular? Del santo son más conocidos los lirios que los escritos "doctorales".
     BALLESTRERO: Efectivamente, en la conducta de la Iglesia para la proclamación de los Doctores se ha dado una evolución de criterios, tanto eclesiales como canónicos. Con la proclamación de san Antonio de Padua como doctor, se innovó profundamente la práctica de la Iglesia respecto a los Doctores. La popularidad de los santos doctores es una característica nueva que plantea problemas a los teólogos, pero al mismo tiempo ilustra la fecundidad del Espíritu en las criaturas que se abren a su influjo y se ofrecen a su Amor.
     Solamente en ámbitos restringidos se denomina a santa Teresa del Niño Jesús también como de la Santa Faz. ¿A qué se debe que la santa eligiera este segundo nombre y por qué la mayoría lo ignora?
     BALLESTRERO: No creo que exista un porqué particular. Veo, sin embargo, que no es raro que los nombres de los santos padezcan simplificaciones históricas, por lo que hoy se dice con más frecuencia Teresa de Ávila, Teresa de Lisieux, que Teresa de Jesús, Teresa del Niño Jesús, Teresa de la Santa Faz. La pequeña Teresa era devotísima de la infancia de Jesús, era muy devota de la Santa Faz, el rostro martirizado de su Señor. Creo que se debería prestar más atención a estos nombres de gracia, que han influido mucho en la espiritualidad de estos doctores, y menos a la geografía y la historia.

La comunidad del Carmelo de Lisieux reunida en la fiesta del Buen Pastor (28 de abril de 1895)

     Pío XI proclamó a santa Teresa patrona de las misiones. ¿Que conexión ve usted con el título que ahora le ha dado Juan Pablo II?
     BALLESTRERO: San Pío X dijo que Teresa de Lisieux era "la santa más grande de los tiempos modernos". El papa Ratti la llamaba "estrella de mi pontificado" y la proclamó patrona universal de las misiones.
     La gente normal no presta atención a estos detalles, pero mientras ponen de relieve la vocación eclesial que poco a poco estalló en una maravilla de gracia y fecundidad nos hacen comprender que todo el ardor misionero de la Iglesia nace más de la contemplación del Cristo que de las evangelizaciones humanas. La conexión existe. Diría que en cien años el mensaje de la pequeña Teresa se vuelve universal sobre todo para las misiones, pero también para toda la comunidad eclesial, que está llamada a pensar y reflexionar que Cristo en la Iglesia es solamente salvación.
     ¿Cree que el hecho de haber dado el anuncio en París y en el contexto de una reunión tan excepcional de juventud tiene una significado particular?
     BALLESTRERO: Creo que sí. Creo que, para el Santo Padre, dar el anuncio en París ha querido ser una primicia ofrecida a la tierra natal de la pequeña Teresa y un ejemplo ofrecido primero a muchos jóvenes para que piensen que la juventud es una estación de santidad consumada y glorificada como la de la pequeña Teresa.
     De santa Teresa impresiona su amor por su padre y cómo habla de él, le llama su rey. ¿También a usted le ha llamado la atención?

Teresa se ha hecho santa dentro de una comunidad de personas. No ha aprendido la fraternidad en tratados de teología moral o de sociología humana, sino en la convivencia, compartiendo la fe, compartiendo la oración, compartiendo el silencio, compartiendo el afecto fraterno y el recíproco soportarse

     BALLESTRERO: He de decir que este aspecto de la vida de la santa no me ha llamado particularmente la atención. Considero normal que una niña que tiene la suerte de tener un padre como el de Teresa se sienta ligada profundamente a él y se lo manifieste. Además, la intensidad de las relaciones familiares es una característica de la familia de la santa.
     ¿Posee hoy el mensaje carmelita algo nuevo respecto a la tradición? ¿Han influido al respecto el Concilio Vaticano II y el Sínodo sobre la vida consagrada?
     BALLESTRERO: El doctorado de la pequeña santa confirma la vocación del Carmelo dentro de la Iglesia. No es una casualidad que san Juan de la Cruz y santa Teresa de Jesús fueran maestros espirituales no mediante las lecciones de los libros, sino mediante la vida vivida en la consagración de los carmelitas y de las carmelitas. Quiera Dios que sea sobre todo el Carmelo el que saque provecho para una renovada fidelidad, para una renovada fecundidad.
     Las generaciones de hoy, inclinadas hacia el hiperactivismo, no comprenden muy bien la vida de clausura. ¿Está de acuerdo?
     BALLESTRERO: No puedo por menos que constatar que en torno a la vida de clausura rigurosa hay poca comprensión. Pero precisamente por esto creo que el doctorado es un signo de los tiempos y un aviso de Dios. Esta vida tiene sentido, esta vida de clausura pertenece al corazón de la Iglesia. Espero que el doctorado renueve las vocaciones para una consagración rigurosa y conforme a las tradiciones.

Teresa de Lisieux

     ¿Cree usted que entre los sacrificios de la santa está también el de soportar los pequeños problemas de la convivencia con monjas de carácter diferente y quizás algo prevenidas ante la masiva presencia de las hermanas Martin y de la más joven, admitida por privilegio especial?
     BALLESTRERO: Santa Teresa se ha hecho santa dentro de una comunidad de personas. No ha aprendido la fraternidad en tratados de teología moral o de sociología humana, sino en la convivencia, compartiendo la fe, compartiendo la oración, compartiendo el silencio, compartiendo el afecto fraterno y el recíproco soportarse. Creo que este aspecto, tan evidente en la experiencia espiritual de la pequeña Teresa, hoy es providencial también para las familias que muchas veces están en crisis precisamente por la falta de esta virtud cristiana, tan coherente con el Evangelio y tan ligada a la caridad cuyo mandamiento nos ha dado Cristo.
     ¿No le parece extraordinario, eminencia, esta proclamación de la contemplativa Teresa cuando aún nos afecta la emoción por la muerte de la activísima madre Teresa de Calcuta? ¿Podemos decir que la pequeña Teresa optimam partem elegit o es más justo admirar la estupenda variedad de los santos?
     BALLESTRERO: No veo contraposición entre la contemplativa Teresa y la activísima Madre Teresa. Sé que la madre Teresa amaba a la pequeña Teresa y reconocía en el Carmelo una parte de su corazón. Quizá un día se contarán los aspectos inéditos de esta relación entre la madre Teresa y el Carmelo. Sólo espero que por medio de este doctorado se comprenda cada vez más que no hay ningún apostolado más fecundo que la contemplación. La pequeña Teresa patrona de las misiones, la pequeña Teresa que escribe a los misioneros, la pequeña Teresa que vive las pasiones de la Iglesia con amor sincero y se ofrece a través del acto de la consagración al Amor misericordioso, para que la Iglesia viva, para que Cristo sea amado, para que los pecadores se salven, para que los consagrados sean santos. Y pienso que con la proclamación no sólo exulta el Carmelo, sino toda la Iglesia, la Iglesia de la tierra y la Iglesia del Cielo.