M ÉXICO

ANÁLISIS. Si decae el interés del mundo por Chiapas

El peligro de
un choque sangriento

 

Entrevista al senador italiano de Refundación Comunista, Giovanni Russo Spena. La masacre de Navidad no es un caso aislado y la situación en el Estado mexicano podría deteriorarse aún más

por Roberto Rotondo

 

Vehículos del Ejército mexicano entran en una aldea de Chiapas

     "Si decae el interés del mundo por Chiapas, correrá la sangre". Giovanni Russo Spena, senador de Refundación Comunista, desde siempre atento observador de los acontecimientos latinoamericanos está seguro: la matanza de fieles en oración cometida por grupos paramilitares en Acteal no es un episodio, podría ser el comienzo de una nueva fase de la represión. "El Gobierno mexicano sabe que no puede resolver el problema de Chiapas ofreciendo subsidios a las poblaciones indígenas para que abandonen sus tierras. Podría, por tanto, tomar la decisión de suprimir la resistencia indígena con un ataque masivo del Ejército". Cuando en 1994 se comenzó a hablar de Chiapas, del subcomandante Marcos y del obispo Samuel Ruiz García, Russo Spena fue uno de los primeros que intuyó la importancia de lo que estaba sucediendo en aquella región, hasta entonces casi desconocida, entre México y Guatemala, en la que pobres campesinos en busca de un pedazo de tierra para cultivar tenían que vérselas con los grandes latifundistas.
     "En este territorio, como en otras partes de América Latina, desde hace veinte años las poblaciones locales se oponen a la explotación cada vez más intensiva y monopolista de los recursos. Basta pensar que las cuatro centrales eléctricas de Chiapas producen el 55% de toda la energía de México, pero el 30% de las casas de este Estado mexicano y el 90% de las de las comunidades indígenas carecen de electricidad. O que el 30% de los recursos hídricos de superficie de México se encuentra en Chiapas, pero apenas el 10% de los indios tiene agua corriente en casa.
     Es importante entender que en Chiapas no se combate una batalla de retaguardia, es decir, no se trata de una resistencia natural del mundo campesino a la modernización, sino que asistimos a una batalla de "vanguardia", porque lo que sucede en Chiapas ocurre en todas partes donde se trata de aplicar un modelo de desarrollo económico como el neoliberal. Aquí hay una modernidad que avanza sin crear desarrollo, un proceso de globalización que deja tras de sí, como náufragos a la deriva, un pueblo de desesperados. Es significativo que la rebelión zapatista en Chiapas estallara el 1 de enero de 1994, el mismo día que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio entre Canadá, Estados Unidos y México".
     Russo Spena fue entonces a la región mexicana con una delegación del Parlamento Europeo. Ha regresado varias veces, una vez acompañado por el secretario de Refundación Comunista, Fausto Bertinotti, para quien organizó una entrevista con el subcomandante Marcos en enero de 1997. Comenta: "La resistencia social en Chiapas nace de la unión de tres componentes. El primero es la población indígena, los mayas, que desde siempre trata de defender con orgullo su identidad cultural y lingüística. El segundo, está ligado al subcomandante Marcos, que se ha dado este grado precisamente para subrayar que el verdadero "comandante" es la comunidad indígena. Aunque lleve el rostro tapado por un pasamontañas, se intuyen algunas cosas de él. Por ejemplo, el español culto que habla nos da a entender que es un ladino y no un maya... Y además, ha construido un movimiento, los zapatistas, bien preparado, gente que sabe cómo llamar la atención de los medios de comunicación y cómo usar Internet. Probablemente Marcos pertenece a aquella generación que participó en los motines del 68, que terminaron con la muerte de 350 estudiantes por parte de la policía en la plaza de las Tres Culturas de Ciudad de México. Tras aquella matanza, muchos grupos estudiantiles se dispersaron por toda América Latina. Podemos pensar que un grupo llegó a la Selva Lacandona y que en estos treinta años se ha integrado con la población maya. Tercer componente, que a mí como laico me llama mucho la atención, es la presencia en estas zonas de la Iglesia católica. Cuando estuve allí conocí al obispo Samuel Ruiz García y pasé días enteros con algunos catequistas suyos en San Cristóbal. No cabe duda de que la Iglesia ha llevado a cabo una obra de evangelización respetuosa de la identidad indígena, que entre muchas otras consecuencias ha hecho que los más pobres tomaran conciencia de sus derechos. Una vez fuimos a ver a un latifundista que, con la pistola encima de la mesa, nos dijo: "Aquí el único problema es la Iglesia de Ruiz García, porque, mentalizando a los indígenas, mina la base de nuestra sociedad"". Pero la Iglesia no es solo Ruiz García. Contesta Russo Spena: "Sí, pero el matiz es importante. Porque los latifundistas creen que son buenos católicos y que hay una Iglesia católica que está con ellos. En este sentido, otro episodio que me llamó mucho la atención fue una visita a un hospital llevado por religiosas canadienses. Tropas paramilitares las acusaban de cobijar a refugiados políticos y las amenazaban de muerte. Las bandas organizaban manifestaciones con pancartas que decían: "Muerte a la monjas que traicionan a Jesucristo". Solamente gracias a una conferencia de prensa en la que hicimos público este caso conseguimos evitar que les pasara algo".
     Hasta ahora hemos analizado los elementos de la resistencia social, pero, ¿qué es lo que está realmente en juego en Chiapas? "Como premisa hay que decir que el Partido Revolucionario Institucional, que gobierna México, con los años se ha convertido de hecho en un partido de derechas. Ha introducido reformas constitucionales que han facilitado el regreso del latifundio y más en general el monopolio de pocos sobre los recursos naturales, que la llamada globalización del mercado no ha hecho más que exasperar su explotación intensiva. De este modo, sin embargo, se han abierto fisuras en la sociedad e inevitables desequilibrios en algunos sectores de la población. Por lo demás, el sistema neoliberal ha creado inevitablemente muchos Chiapas en el mundo: el drama de los niños que cosen balones en el sureste asiático, las balsas de desesperados que llegan a las costas italianas, los veinte millones de desempleados en Europa, por citar solamente los casos que salen en los periódicos en estos meses, pero que no son ni siquiera los más dramáticos". Y, sin embargo, el modelo liberal parece el único modelo económico posible. "No creo que el problema sea contraponer un modelo alternativo. Creo que hay tener un fuerte sentido crítico hacia este modelo de desarrollo y seguir buscando soluciones concretas para que se dé una mejor distribución de las riquezas. Además, no hay que olvidar la fragilidad de este modelo cuando se aplica en los países en vías de desarrollo. El hundimiento de las bolsas asiáticas ha sido un ejemplo, pero si pusiéramos en fila todas las bancarrotas que se han verificado en los bancos nacionales de América Latina durante estos años, seguramente desaparecería esa impresión de que el liberalismo hace dormir tranquila a la economía mundial. ¡Globalización! Esto es mercado salvaje donde se va sólo en busca de la fuerza laboral que cuesta menos. Hemos de construir un sistema de desarrollo en el que la paz y la justicia caminen juntas, como me decía hace unos años el padre Ernesto Balducci".
     Precisamente sobre los temas de la paz y la justicia social Refundación Comunista, aunque por un camino diferente, halla puntos de encuentro con la Iglesia católica. ¿Cree que sería útil una relación más estable con la Iglesia? "Estamos intentado un diálogo. Porque algunos enfrentamientos de tipo puramente ideológico ya no interesan, ni a nosotros ni a la Iglesia. También en la cultura comunista van disminuyendo los recelos, herencia de un laicismo anticlerical superado. Cuando nosotros defendemos algunas clases sociales, como los obreros, los desocupados y todos los marginados del proceso económico, hallamos un punto de encuentro con la Iglesia que defiende a los pobres y los últimos. Pero partimos de todos modos de puntos diferentes y no queremos confundirnos".
     Quisiera terminar volviendo al peligro de un recrudecimiento de la situación en Chiapas. ¿Qué piensa que puede hacerse para impedirlo?
     "Los europeos podríamos hacer algo a nivel diplomático. Me explico: el Parlamento Europeo ha aprobado un tratado comercial con México con una cláusula que dice que los acuerdos están subordinados al progreso de los derechos civiles y humanos. Normalmente estas cláusulas se ponen en los tratados internacionales por pura formalidad. Europa, en cambio, podría activarlas, obligando al Gobierno mexicano a resolver el problema de Chiapas con una conferencia de pacificación y no con la violencia".